sábado, 28 de febrero de 2009

Roman Holiday


Título: Roman Holiday (Vacaciones en Roma)
Año: 1.953/119' EE.UU.
Dirección: William Wyler
Guión: Ian McLellan Hunter, John Dighton
Música: Georges Auric
Fotografía: Franz Planer
Reparto: Gregory Peck, Audrey Hepburn, Eddie Albert, Hartley Power.

En 1.881 se publica en Canadá la novela de Mark Twain The Prince and The Pauper, traducida al español como Príncipe y Mendigo. En el libro, dos niños muy parecidos físicamente, Tom Canty y el príncipe Eduardo de Inglaterra , cambian sus identidades y la trastada a punto está de tener un final trágico. En la película de William Wyler, el asunto del cambio de identidad es el punto central de la trama pero, en esta ocasión, es la princesa quien decide abandonar por unas horas su rutina para mezclarse en la vida corriente del encanto de Roma y enmascarar su identidad.
Las calles de Roma toman entonces el protagonismo y el costumbrismo se impone a la comedia.
Audrey Hepburn empieza a sobresalir en esta película como lo que ha sido, una de las mejores. En éste su primer papel como protagonista, la actriz conseguiría el óscar a la mejor interpretación femenina en papel principal en el año 1.954, consiguiendo la película otros dos óscares.
La cinta posee todos los alicientes de una buena comedia con el encanto que rodeaba a las producciones de estas características en la década de los cincuenta. Una cuidada puesta en escena y la exaltación de los valores del buen gusto y la buena educación.
El guión tiene, entre líneas, la lectura de asistir a un fenómeno que comenzaba a ser usual en esos momentos y que todavía lo es hoy en día más como es la desaparición de la endogamia entre clases sociales. La evolución social del siglo XX permite que personas de muy diferente signo social puedan mantener una relación que en otros momentos históricos se calificaría como escandalosa.
De todos modos, el momento de la película es el que es y se dicta justicia sobre una relación que nace y termina imposible.
Lo mejor: Sin duda Audrey Hepburn
Lo peor: Hay momentos de la película que se convierten en un folletín turístico sobre Roma cortando un tanto el ritmo de la narración.
Muy recomendable

viernes, 27 de febrero de 2009

A fost sau n-a fost? (12:08 Al Este de Bucarest)


Título: A fost sau n-a fost? (12:08 Al Este de Bucarest)
Año: 2.006/89' Rumanía
Dirección: Corneliu Porumboiu
Guión: Cornelio Porumboiu
Música: Rotaria
Fotografía: George Dascalescu, Marius Panduru
Reparto: Mircea Andreescu, Teodor Corban, Ion Sapdaru, Mirela Cioaba

Este joven director rumano viene a sumarse a una serie de notables películas que vienen de ese país como 4 Luni, 3 Saptamini si 2 Zile (4 Meses, 3 Semanas y 2 Días/ Mungiu/ 2.007) o Moartea Domnului Lazarescu (La Muerte del Señor Lazarescu/ Cristi Puiu/2.005) y que sugieren estar atentos a lo que, últimamente, viene de Rumanía.
Esta película costumbrista, narra, a través de una pequeña anécdota, una reflexión en torno a la revolución que tuvo lugar en Rumanía con la caída de Ceaucescu y su temida Securitate. En el año 1.989 el dictador manda abrir fuego contra los manifestantes de Timisoara, este hecho desencadena un levantamiento que termina con el fusilamiento de Ceaucescu y su esposa.
Sin significar una nostalgia de las épocas pasadas, la cinta muestra, en tono de comedia, que el pasado no está cerrado y que hay múltiples visiones y versiones de lo ocurrido. Como si de hermenéutica se tratase, el guión nos enseña el caleidoscopio formado por los recuerdos de lo que pasó en aquel día de diciembre en que se puso fin a una de las dictaduras comunistas más férreas del Bloque del Este. En ese caleidoscopio tienen cabida los que añoran el pasado comunista, sus detractores y los que han cambiado de chaqueta convirtiéndose, ahora, en respetables empresarios. Las heridas no están cerradas y el tiempo debe pasar para borrar no sólo la pobreza de un país que siempre ha vivido pendiente de ver cómo sus cosechas se enviaban al extranjero como pago de la deuda.
Pero mientras esto ocurre, la película nos enseña el día a día de las personas que sobreviven como pueden a la situación que les ha tocado vivir. El conjunto está elegantemente narrado, destacando el papel de los protagonistas en los que sobresale un genial Andreescu en el papel de Emanoil Piscoci.
Una tierna película que tras su tono de comedia encierra una dura tragedia.
Lo mejor: Andreescu y, en general, el conjunto de actores. Su originalidad.
Lo peor: El guión alarga la anécdota principal con la sensación de que se podría haber hecho más.
Recomendable.

jueves, 26 de febrero de 2009

Mongol


Título: Mongol
Año: 2.007/ 126' Kazajastán
Dirección: Sergei Bodrov
Guión: Arif Aliyev, Sergei Bodrov
Música: Tuomas Kantelinen
Fotografía: Rogier Stoffers, Sergei Trofimov
Reparto: Tadanobu Asano, Aliya, Tegen Ao, Ying Bai

Tiene Mongol muchas cosas interesantes. Empezando porque se ha elegido una figura tan legendaria como Gengis Khan para realizar una película épica cuyo centro neurálgico es la unificación de los pueblos nómadas mongoles bajo un mismo estandarte.
La cinta se centra en la vida de Temudgin/Tadanobu Asano (el mejor acero) desde su difícil infancia hasta convertirse en el Khan de la mayoría de las tribus, adentrándose apenas en el camino que le llevaría a edificar el mayor imperio conocido.
Cuenta Bodrov con un excelente actor que supone parte de la culpa del éxito de la película, Tadanobu Asano, ya conocido por sus fantásticas actuaciones en las prodigiosas Invisible Waves y Ruang rak noi nid mahasan (Vidas Truncadas) de Ratanaruang (2.006/2.003), en Vital de Tsukamoto (2.004) o en Zatoichi de Kitano (2.003). Tiene este actor una muy cuidada filmografía que le hace especialmente interesante y sus actuaciones siempre están a la altura de las grandes películas que ha protagonizado.
Mongol es una historia épica de civilización de un pueblo bárbaro a través de dos principios fundamentales, la confianza y la ley. Éstos son los principales éxitos de Temudgin/Asano para convertirse en unas de las figuras centrales de la historia del siglo XII, en el Gengis (Océano) Khan de los mongoles que someterá a su ley, no sólo a las tribus mongolas y tártaras, sino a casi todos los reinos chinos del momento, llegando a ocupar todas la Europa central.
Sirve también la cinta para mostrar cómo la imagen tópica de los mongoles es falsa.
Para ello se elige con cuidado los aspectos que se cuentan de la intersantísima biografía del Khan para que el espectador se conforme una idea del hombre más que del guerrero.
Para ayudar todavía más, la fotografía de las hermosas estepas mongolas juega el papel de escenario inmejorable para enmarcar la historia.
El conjunto es una bien trabajada película épica que se hace corta y demuestra cómo, hoy en día, el mejor cine viene casi siempre con el sello de Asia. En las cintas épicas también.
Lo mejor: Un buenísimo guión y un sobresaliente Tadanobu Asano. La fotografía
Lo peor: La violencia excesiva de las escenas de batalla parecen un reclamo para un tipo de público que no apreciaría la grandeza de la película.
Bastante recomendable.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Someone like you


Título: Someone like you
Año: 2.001 / 100' EE.UU.
Dirección: Tony Goldwyn
Guión: Elizabeth Chandler (Novela: Laura Zigman)
Música: Rolfe Kent
Fotografía: Anthony B. Richmond
Reparto: Ashley Judd, Greg Kinnear, Hugh Jackman, Marisa Tomei

Hay cosas que son difíciles de perdonar y a Ashley Judd ya le llevo acumuladas unas cuantas, la penúltima de ellas es la más grave porque Bug (William Friedkin/2.006) es de lo peor que he visto en los últimos años. Pero la lista no se acaba ahí, Heat (Michael Mann/ 1995) o Kiss the Girls (El Coleccionista de Amantes. Gary Fleder/ 1997) también pueblan mi memoria como desastres cinematográficos. Y Someone like you no va a redimirla
Con algunas excepciones como The Prestige (El truco final: el prestigio/Christopher Nolan/2.006), Hugh Jackman tampoco nos ha ofrecido garantías. La saga de X-Men (del 2.000 al 2009), Van Helsing (Stepehn Sommers/ 2.004) o Scoop (Woody Allen/ 2.006) no hablan a favor del actor.
De Tony Goldwyn es la primera película que veo y, pese a llevar tan ilustre apellido y a ser el nieto del productor Samuel Goldwyn, espero no tener más el placer.
La película es mala. La intención de realizar una reflexión en torno a la naturaleza de los sentimientos de los hombres y las mujeres y sus mutuas relaciones y combinaciones, no consigue ni un grado de inteligencia o gracia.
Los secundarios a quienes esta clase de películas suele dar papeles agradecidos y recordados fracasan o bien porque el personaje es un desastre, caso de Ellen Barkin/Diane Roberts, o bien porque la actriz simplemente es mala, caso de Marisa Tomei/Liz.
Al guión se le ve de lejos, y eso no tiene por qué ser malo si no fuera porque carece de los elementos básicos y mínimos de toda buena comedia. Aparece la historia contada como si de una tesis doctoral fuera, con sus hipótesis y sus tesis, y hasta posee el intento de dotar de cierta cientificidad a lo que se está diciendo, pero la poca clase y la poca gracia arruinan el intento.
Y todo eso aun cuando el objetivo de la película no es del todo deleznable. Pretende hacernos ver que no todos los hombres son unos cerdos que sólo piensan en llevar a la cama a la más joven del salón y que, algunos, pocos, pueden vivir con eso que llaman compromiso.
Pero para hacer ese esfuerzo, que tampoco es que sea llegar a Marte, lo único que se consigue es el ridículo más absoluto. Una pena.
Lo mejor: Dura poco
Lo peor: El resto
Recomendable no verla.

lunes, 23 de febrero de 2009

Design for Living


Título: Design for Living (Una mujer para dos)
Año: 1.933/90' EE.UU.
Dirección: Ernst Lubitsch
Guión: Ben Hecht, Samuel Hoffenstein (Obra: Noël Coward)
Música: John Leipold
Fotografía: Victor Milner
Reparto: Fredric March, Gary Cooper, Miriam Hopkins, Edward Everett Horton

Design for Living, sin llegar a la altura de To be or not to be (Ser o No Ser/ 1.942), The shop around the Corner (El Bazar de las Sorpresas/ 1940) o de Heaven Can Wait (El Diablo Dijo No/ 1.943), es una gran película de uno de los grandes directores de la historia del cine Ernst Lubitsch. Sus comedias son de lo mejor que uno puede ver en cine y los guiones con los que trabaja siempre son inteligentes, depurados y afinados. Esas obras maestras que Lubitsch nos ha regalado y que, por desgracia, se terminaron cuando el corazón no le aguantó más mientras trabajaba, tienen su punto culminante con To be or not to be (Ser o No Ser/ 1.942) en la que realiza una sátira del régimen nazi, régimen que le quitaría a Lubitsch la nacionalidad alemana en el año 1.935.
En este caso la comedia se sitúa entre un trío de personajes bohemios cuya moralidad sería tan escandalosa para la época que la película tuvo serios problemas con la censura norteamericana (no olvidemos que Lubitsch se fue a vivir a Hollywood en el año 1.922). Escandalosas debieron ser para el momento algunas escenas en las que un joven pero ya consagrado Gary Cooper/George Curtis, junto a Fredric March/Thomas Chambers, enamoraban a dúo junto a Miriam Hopkins en su papel de Gilda Farrell.
Parece increíble que en esos años se pudiese escribir y dirigir una obra tan actual y tan feminista. Porque toda la pieza gira alrededor del personaje de Miriam Hopkins/Gilda Farrell. En un mundo todavía dominado por los dictados morales de los hombres, Lubitsch nos enseña con la naturalidad de una fresca comedia, que no ocurre nada por incorporar a las mujeres a los mismos patrones de comportamiento que los hombres han soportado durante siglos.
El cine ha ayudado a lo largo de su, todavía corta historia, a derrotar estereotipos. Las gentes del cine, en general, se han destacado por ofrecer siempre una línea crítica (piénsese en la actitud de muchos directores y actores frente a la guerra de Iraq o frente a la caza de brujas del maccarthismo de los años 50) con el poder establecido.
Design for Living, además de ofrecernos una deliciosa comedia con un grandioso Fredric March que vivió su época dorada en la década de los 30, nos permite realizar un ejercicio de tolerancia porque los personajes no aparecen como depravados u obscenos, sino todo lo contrario, son inteligentes, realizan sus sueños artísticos con éxito y asumen su situación con la normalidad que desearíamos que tuvieran todos los seres humanos frente al diferente o el extraño.
Hoy son muchos los que llaman al presente siglo el siglo de los valores femeninos y eso es algo que Lubitsch ya entrevió en el año 1.933.
Lo mejor: La valentía de una apuesta feminista y progresista realizada con suma inteligencia.
Lo peor: Pesa el origen del guión con un ritmo un tanto teatral.
Imprescindible


domingo, 22 de febrero de 2009

El Orfanato


Título: El Orfanato
Año: 2.007/100' ESPAÑA
Dirección: Juan Antonio Bayona
Guión: Sergio G. Sánchez
Música: Fernando Velázquez
Fotografía: Oscar Faura
Reparto: Belén Rueda, Fernando Cayo, Géraldine Chaplin, Roger Príncep

En los ultimos años existe un ramillete de películas españoles de género de suspense o de terror que han elevado el nivel medio del cine nacional. Empezando por Darkness (Jaume Balagueró/ 2.002) y terminando por Rec (Jaume Balagueró y Paco Plaza/ 2.007) y sin olvidarse, claro, de Los Otros (Javier Amenábar/ 2.001).
En esta ocasión, asistimos a una película que maneja con profesionalidad los consabidos elementos característicos de este género. La tensión y el suspense recuerdan a otras películas ya vistas, sin embargo, la cinta aguanta, perfectamente, ese pero. Lo soporta porque el nivel general del guión y, sobre todo, de la dirección, nos mantienen atentos a lo que estamos viendo, aunque no sea, precisamente, lo último en tendencias.
Sin embargo, lo más sobresaliente de la cinta viene al final. Desde siempre que aquellas obras literarias, filosóficas o fílmicas que han ayudado a deconstruir un tema han sido bien valoradas en general, y alguna de ellas, en particular, han marcado época.
El Orfanato lo hace. Supone, a mi entender, un giro de tuerca, una segunda reflexión a aquellos guiones y películas que, últimamente, se han adentrado en los mismos caminos que la película de Bayona. Y ese giro de tuerca tiene la suficiente fuerza e inteligencia para merecer la pena el viaje.
Alejados de las debates sobre si Belén Rueda sí o no, la película merece mucha más reflexión que todo eso porque nos somete a una discusión sobre la naturaleza de los fenómenos paranormales. En el fondo, de lo que se trata es de plantearse si dichos fenómenos pueden existir o si lo que, realmente, es paranormal es la mente de las personas que pretenden ver milagros y fenómenos extraños que no residen más que en su mente. La apuesta de la deconstrucción que realiza la película parece lo suficientemente inteligente y original para comprender que el propio camino trillado que ha elegido el film está hecho a conciencia. Porque es a todas esas películas del género a las que El Orfanato está haciendo justicia como si de un tribunal se tratara.
Lo mejor: El guión y la dirección.
Lo peor: Algunas actuaciones que no están a la altura.
Recomendable.

viernes, 20 de febrero de 2009

Freud, The Secret Passion


Título: Freud, the Secret Passion
Año: 1.962/139' EE.UU.
Dirección: John Huston
Guión: Wolfgang Reinhardt & Charles A. Kaufman
Música: Jerry Goldsmith
Fotografía: Douglas Slocombe
Reparto: Montgomery Clift, Susannah York, Larry Parks, Susan Kohner

El psicoanálisis de Freud es una de las teorías de mayor éxito en la historia de occidente. Hasta tal punto, que se ha llegado a convertir en una filosofía.
Huston nos cuenta los orígenes de la teoría, lo cierto es que la película gira más en torno al psicoanálisis que a la figura de su creador. La arqueología psicoanalítica es la que domina todo el largo. En el prefacio de la película se explica el porqué, como ya es un lugar común, las obras de Copérnico, Darwin y Freud (cabría añadir a Marx y a Nietzsche en el mismo grupo) han supuesto la ruptura de la secular dependencia del saber humano de la religión y el oscurantismo. Por eso el psicoanálisis merece un lugar especial en el reino de la psicología al haber sido el primer sistema que plantea que la parte no consciente de nuestra mente no está dominada por ningun ser trascendente al hombre. La explicación de esa parte que no controlamos de forma consciente se agota en nosotros mismos.
Por tanto, la figura del largo no es el propio Freud, no es una película biográfica (aunque, evidentemente, la vida del escritor está presente) sino de una película que rinde homenaje a los orígenes de la teoría presentando el cómo y el cuándo de su gestación.
El viaje de Freud para estudiar con el profesor Charcot y la relación Breuer/Freud marcan el comienzo de la narración. La primera media hora de cinta es, de largo, la mejor parte porque narra con exactitud e interés los inicios de la teoría; entrados en materia, surge uno de los grandes inconvenientes de haber dirigido los focos para la teoría en vez de para Freud. Los distintos aspectos que van completando la construcción del edificio psicoanalítico, tales como el fenómeno de la transferencia, las etapas de maduración sexual de los niños, los lapsus del lenguaje o el complejo de Edipo, son contados de forma apresurada y sin rigor histórico. Este grave error de guión condiciona en exceso un filme cuyo arranque resultaba más que prometedor.
El título, por tanto, puede inducir a error porque se ajustaría más a la verdad si nos hiciese comprender que es el psicoanálisis el tema central de la obra. De hecho puede ser usada como una introducción para el iniciado en los estudios psicoanalíticos.
Montgomery Clift realiza un excelente trabajo, aunque, en ocasiones, aparezca un tanto perturbado para la personalidad y la fama que Freud se forjó.
Buena dirección de Huston que logró con ella la nominación al Oso de Oro de Berlín.
Lo mejor: Servir de introducción clara y comprensible a la teoría psicoanalítica, la interpretación de Montgomery Clift
Lo peor: El atasco de teorías en la segunda mitad del film
Recomendable.

jueves, 19 de febrero de 2009

Music and Lyrics



Título: Music and Lyrics
Año: 2.007/96' EE.UU.
Dirección: Marc Lawrence
Guión: Marc Lawrence
Música: Adam Schlesinger
Fotografía: Xavier Perez Grobet
Reparto: Drew Barrymore, Hugh Grant, Campbell Scott, Brad Garrett.

Marc Lawrence es un director con una corta trayectoria que sólo engloba un par de filmes y alguna serie para televisión por la que fue nominado a los Emmys. En este largo, ensaya la comedia romántica con un resultado discutible.
Se ajusta, la cinta, a los parámetros usuales del género sin pizca de originalidad: Chico conoce a chica, chica y chico se enamoran, chico y chica tienen un problema, chica se aleja de chico y, por último, ambos se reconcilian y se supone que viven felices para siempre.
En este caso las pocas gotas de sentido que tiene el enredo se deben a un saneado guión en el que destaca el papel de Alex/Hugh Grant, una estrella del pop de los ochenta que pelea por sobrevivir en un mundo que lo ha enterrado hace ya tiempo. El humor y los sempiternos tics de Hugh Grant ayudan a la ligereza del tono general dotando de un clima soportable a sus casi cien minutos de metraje. Hugh Grant sólo tiene un registro pero lo hace bien, poco a poco se ha ido encasillando en estos papeles que agradecen sus tics, la inseguridad y la candidez de las que dota a su personaje.
Drew Barrymore a quien nos cuesta recordar una buena película después de E. T. (Spielberg, 1.982), está correcta.
Lo curioso de este largometraje es observar de nuevo cómo los guionistas de Hollywood tienden, en los últimos años, a presentarnos como los verdaderos triunfadores de sus escritos a aquellas personas que podríamos llamar alternativas. Personajes que no se preocupan demasiado por el éxito ni por el dinero, que no estafan ni se aprovechan de nadie, suelen aparecer, últimamente, como los verdaderos héroes de las tramas. La línea que la gran industria ha elegido de crítica al propio sistema de vida americano con películas como American Beauty (Sam Mendes, 1.999), o Magnolia (Paul Thomas Anderson, 1.999) o In the Valley of Elah (En el Valle de Elah. Paul Haggis 2.007) tiene su versión débil en películas como Music and Lyrics donde el personaje sin escrúpulos suele quedar en mal lugar. Es sabido que los actores, guionistas y, en general, las personas que trabajan en Hollywood, representan lo que en aquel país podemos llamar progresismo, y, por tanto, es normal que sus historias destilen un cierto compromiso ético, pero no está de más que productos para el gran público como éste, propongan patrones de vida alejados del ejecutivo o del banquero de éxito. No está de más aunque sea en una película que nadie recordará dentro de...¿un mes?
Lo mejor: La chispa del guión en el personaje de Alex
Lo peor: La falta total de originalidad y de riesgo en al película.
Poco recomendable


miércoles, 18 de febrero de 2009

The Story of Louis Pasteur


Título: The Story of Louis Pasteur (La Tragedia de Louis Pasteur)
Año: 1.935/87'. EE.UU.
Dirección: William Dieterle
Guión: Sheridan Gibney, Pierre Collings
Música: Bernhard Kaun, Heinz Roemheld
Fotografía: Tony Gaudio
Reparto: Paul Muni, Josephine Hutchinson, Anita Louise, Donald Woods


Es increíble cómo, en estos años en los que el cine sonoro era todavía una novedad y en los que el cine en color todavía no existía, es posible que se hicieran películas como ésta. Ya le gustaría a muchas superproducciones actuales contar con guiones tan bien elaborados.
El director William Dieterle era de origen alemán y fue actor antes que director. En 1.930 da el salto a Hollywood con un contrato de la Warner y dirigió muchas y grandes películas. En estea ocasión cuenta con Paul Muni, uno de los grandes de la década de los treinta. La colaboración entre ambos se extendió a tres películas; además de la que comentamos, The Life of Emile Zola (1.937) y Juárez (1.939). En las tres Paul Muni fue nominado al Óscar.
En esta cinta biográfica se nos cuenta la vida de Louis Pasteur a partir del año 1.860, cuando ya era un químico conocido pero que todavía no había alcanzado la fama mundial que ganaría ya en vida.
Pasteur ya había inventado el fámoso método de la pasteurización para salvar los problemas que los viticultores estaban teniendo con la producción, pero la película se centra en su descubrimiento más famoso, el hecho de que las enfermedades son originadas por microorganismos externos al paciente que llamó gérmenes. Esto contradecía la idea común de que las enfermedades estaban producidas por organismos producidos en el paciente por generación espontánea. Una idea que casaba con la visión crisitana de la naturaleza.
Este hallazgo le llevó a descubrir la vacuna (nombre que el propio Pasteur popularizó) del ántrax y la de la hidrocefalia.
Durante el desarrollo de la película es muy interesante observar cómo Pasteur tuvo que luchar contra la ignorancia y la ceguera de los médicos de su tiempo y cómo todavía la superstición y la religión eran dos factores importantes dentro del mundo científico. La batalla que Pasteur llevó para conseguir la asepsia en la práctica médica resulta hoy en día asombrosa.
Además de ello, se pone de manifiesto el hecho de que los métodos científicos actuales basados en la inducción y en el experimento no eran practicados más que por algunos adelantados, como Pasteur, que fueron objeto de chanzas por la comunidad médica y científica. Como él, además, era químico de formación, sufrió el desprecio de la academia de medicina francesa durante años.
El largo nos muestra los dos grandes triunfos y golpes de efecto que llevarían a derrotar de un plumazo buena parte de la teología, ignorancia y deduccionismo instalado en la medicina de la época.
Por un lado, su famoso experimento con el que demostró la eficacia de su vacuna contra el ántrax en el que separó unos animales enfermos no vacunados y otros vacunados a los que se les inoculó la enfermedad. Mientras el primer rebaño pereció por completo en cuarenta y ocho horas, el otro no sufrió ni una baja. Los notables y elegidos que asistieron al evento tuvieron que admitir la realidad. Lo mismo pasó, por el otro, con la vacuna de la hidrocefalia en un experimento que le pudo costar la cárcel a Pasteur pero que resultó igualmente exitoso.
Paul Muni realiza un excepcional trabajo en una cinta en la que, si pasamos por alto los dejes típicos de los actores de ese momento, podremos disfrutar de una historia bien narrada, dirigida e interpretada, con un ritmo anormalmente actual.
Lo mejor: Paul Muni
Lo peor: El paso del tiempo que demuestra la rapidez de los cambios en los lenguajes cinematográficos.
Recomendable

martes, 17 de febrero de 2009

Nowhere to Go But Up


Título: Nowhere to Go But Up
Año: 2.003/ 88' EE.UU./Francia/Ger
Dirección: Amos Kollek
Guión: Amos Kollek
Reparto: Audrey Tautou, Justin Theroux, Jennifer Tilly, Laila Robins

Igual que hay directores que quedan marcados por un éxito inicial que siguen intentando repetir a toda costa, sirva el ejemplo de Danny Boyle con Trainspotting (1.996), también hay actores que sufren del mismo síndrome. Audrey Tautou parece padecer del mismo síntoma. El éxito de Amélie (Jean-Pierre Jeunet 2.001) persigue a esta actriz que no ha sabido relanzar su carrera y parece ir cayendo en picado. En esta película los síntomas ya son alarmantes, Val Chipzik/Tautou es un personaje que no aporta más que ser una vulgar y nada inteligente estereotipia de aquel de Amélie. El problema es que las segundas partes nunca fueron buenas y la actriz nos sigue ofreciendo más de lo mismo.
Y por si esto no fuera poco, Amos Kollek no es Jeunet y la película roza el surrealismo por la estupidez del enredo, lo plano de los personajes y la confusión general que todavía se agranda por la insensatez de la banda sonora.
El planteamiento no es nuevo, un personaje, Jack, que sufre de múltiples problemas y que es salvado por el amor de una persona que se sale de la norma moral de lo frecuente. Pero Val Chipzik no es graciosa, ni exótica. Más bien lo que quiere uno es salir del cine corriendo. Por eso le entran a uno serias dudas de la sabiduría de Jack a la hora de escoger sus amores. Y lo peor de todo es que nos hacen creer que Jack es muy inteligente y todo el mundo admira sus libros. Yo no me lo creo.
La historia se retuerce hasta el límite de lo soportable y los pocos minutos de metraje que le han dado a Amos Kollek sus ideas sobre cómo realizar una comedia, se nos antojan casi el triple de su duración real.
Una película fallida, sin alma, sin actores principales que salven un deleznable guión; aburrida, sosa y estúpida.
Ni siquiera un ramillete de secundarios decente en el que destaca Jennifer Tilly pueden hacer que la película merezca semejante nombre.
Lo mejor: Poca cosa, Jennifer Tilly y gracias.
Lo peor: Todo el resto, especial mención para Audrey Tautou que consigue estropear algo ya de por sí malo y para el pésimo guión de Amos Kollek.
Recomendable no acercarse a esta película

jueves, 12 de febrero de 2009

Slumdog Millionaire


Título: Slumdog Millionaire
Año: 2.008/120' Reino Unido
Dirección: Danny Boyle, Loveleen Tandan
Guión: Simon Beaufoy
Música: A. R. Rahman
Fotografía: Anthony Dod Mantle
Reparto: Dev Patel, Freida Pinto, Madhur Mittal, Anil Kapoor

Danny Boyle es uno de los directores más interesantes de las últimas dos década. Se ha prodigado en realizar películas de géneros tremendamente diferentes. Desde la reconocida Trainspotting 1.996, a la historia de zombies de 28 Days After (28 Días Después. 2.002) a la fallida The Beach (La Playa. 2.000), lo que ha destacado la gran mayoría de sus largos ha sido el ritmo. De Slumdog Millionaire es lo que primero sorprende, la primera hora de película tiene un ritmo frenético. En otros directores, ese uso de un ritmo tan alto se convierte en un obstáculo para la calidad del filme (por ejemplo en Master and Commander (2.003/ Peter Weir)) pero en esta ocasión y acompañado por la impecable banda sonora de Rahman, el ritmo se convierte en uno de los grandes alicientes de la película.
Ubicar una historia de amor en la sociedad india ya es, de por sí, interesante para el espectador. Observar el día a día de unos niños intocables y sus intentos por sobrevivir garantizan mantener la atención por lo trágico que resulta comprobar lo descarnado de la situación del débil en uno de los países más clasistas de la tierra.
Ésta es la parte más interesante de la película de Danny Boyle, la más impactante, impecable e innovadora. Cuando la trama se adentra en el momento actual y en la parte que justifica el título de la cinta, la película decae enteros por ya vista y por lagunas del guión.
Hay partes del enredo durante el concurso que son incomprensibles, por ejemplo el papel tan ambiguo que juega el presentador/productor del programa, y hasta exageradas.
Pero esos peros no hacen perder el respeto por una película que tiene un poco de muchas cosas, desde denuncia social, a road movie pasando por comedia, tragedia, costumbrismo o historia romántica. Este aspecto relanza el ritmo pero también dispersa el porqué de la película. Mostrar cómo, incluso en las situaciones más adversas el amor puede ser un acicate para sobreponerse a todos los problemas.
La película es un fiel reflejo del papel que las mujeres juegan en muchos países en vías de desarrollo, ninguno. La pobre Latika, pasiva y explotada, espera la llegada de su príncipe encantado (Jamal) para salvarla de las garras de la cotidiana brutalidad (Salim). En este caso, Jamal, al igual que en Shrek (Andrew Adamson/ 2.001), no es el típico caballero andante guapo y noble, sino que es un paria que con su fuerza de voluntad y como recompensa cósmica de su vida pasada se convierte en millonario, por lo menos un poco de deconstrucción.
La sociedad india ha recibido muy mal esta película por considerar que es una visión exagerada de su sociedad. Pero, probablemente, lo exagerado no sea la situación de los niños que la cinta describe, sino que uno de ellos pueda salir, en aquella comunidad, de esa situación y conquistar un lugar entre los elegidos, eso es lo hiperbólico.
Lo mejor: Las interpretaciones de los niños que encarnan a Jamal y a Salim de niños. El ritmo. La belleza de Freida Pinto. La primera hora. La originalidad de la forma de narración elegida.
Lo peor: La pereza y descrédito del guión en su última parte. La dispersión de temas que no ayuda a profundizar en ninguno.
Recomendable

The Curious Case of Benjamin Button (El Curioso Caso de Benjamin Button)


Título: The Curious Case of Benjamin Button
Año: 2.008/167' EE.UU.
Director: David Fincher
Guión: Eric Roth sobre un cuento original de Scott Fitgerald
Música: Alexandre Desplat
Fotografía: Claudio Miranda
Reparto: Brad Pitt, Cate Blanchett, Taraji P. Henson, Tilda Swinton


Tiene David Fincher unas cuantas películas que merecen la pena. Sobre todas ellas brilla Fight Club (El club de la lucha) de 1.999. También nos ha dado otras para olvidar como Panic Room (La Habitación del Pánico) del 2.002. En esta ocasión, con la adaptación del ingenioso cuento de Fitgerald, David Fincher vuelve a contar con las superestrella de Hollywood Brad Pitt que es de lo mejor de la película. No así Cate Blanchett a quien no somos capaces de recordar una actuación digna de mención. Parece que para los premios de la academia de cine norteamericana de este año 2.009, a las productoras les ha dado por reunir antiguas parejas de protagonistas que les han dado ya buenas taquillas. Si DiCaprio y Winslet lo han hecho en Revolutionary Road (ver crítica más abajo), en este cinta repiten Pitt y Blanchett tal y como ya lo habían hecho en Babel de Iñárritu año 2.006. Allí Kate Blanchett estaba más soportable porque no hacía más que retorcerse de dolor en el suelo casi todo el largo metraje. Aquí, por desgracia, rellena más escenas. Las rellena y muchas las estropea porque no está a la altura en ninguna de ellas, luciendo, poco más que una piel bonita y, resultando poco creíble, como pareja del personaje principal en otras tantas.
Además de este lunar, la película de Fincher se deja ver por la calidad y la originalidad de la obra en la que se inspira. El resto son los efectos especiales, algo que todo el mundo ha destacado de esta película.
Lo que subyace al argumento es una historia de amor que no vence al elemento más devastador de todas las historias de amor que han existido: el tiempo. En esta ocasión, la tragedia del tiempo es todavía más feroz, si cabe, porque mientras uno de los polos de la relación sigue los dictados de las leyes de la entropía, el otro las altera y se ríe de ellas.
El problema es que el director se centra demasiado en la relación entre ambos y demasiado poco en la psicología interna de un personaje que es capaz de vencer a todas las leyes de la física. Probablemente, no sería algo inususal para casi nadie y sorprende que el personaje de Benjamin parece aceptar, durante el metraje, la situación como si tal cosa.
Y esto no ayuda a entender a Blanchett/Daisy y su loca pasión por el anómalo físico. Benjamin va de autista por la vida y su actitud frente al amor es de un estoico silencio que le lleva a ser un buen interlocutor porque escucha y escucha sin dar señales de vida de lo que ocurre por ahí dentro. Ese estoicismo frente a su situación parece marcar el éxito de todo lo que toca y deja prendada a una Daisy que se atonta con asistir al milagro del reverso de la flecha del tiempo. Claro que a muchos y a muchas ya les pasaría lo mismo con sólo ver a Brad Pitt sin necesidad de que haga nada extraordinario.
Sería bueno preguntarse qué ofrece o en qué mejoran los guiones made in Hollywood por ser interpretados por personajes tan atractivos desde el punto de vista de la concepción actual de belleza. Probablemente mejores taquillas porque la mitomanía es el rasgo de nuestro tiempo, pero calidad y credibilidad, poca.
Porque el caso curioso de Benjamin Button es que es un monstruo y el amor de los monstruos con el resto de los mortales siempre ha tenido algún detalle más en la historia del cine que la bobalicona pasión de Daisy/Blanchett. Monstruoso significa un prodigio, algo sobrenatural que no puede dejar indiferente a nadie y que todos deben cuestionarse sobre la naturaleza del hecho y ese cuestionamiento no aparece en la película.
Pero, como decimos, además de eso, los efectos especiales son muy buenos y los personajes principales están muy guapos.
Lo mejor: Brad Pitt realiza un buen trabajo. La fotografía. El cuento en el que se inspira.
Lo peor: Cate Blanchett. Un excesivo metraje. Mala definición de los personajes.
Ligeramente recomendable.

miércoles, 11 de febrero de 2009

El Sueño de Valentín


Título: El Sueño de Valentín
Año: 2.003/101' Argentina
Dirección: Alejandro Agresti
Guión: Alejandro Agresti
Música: Paul Michael van Brugge
Fotografía: José Luis Cajaraville
Reparto: Carmen Maura, Rodrigo Noya, Julieta Cardinale, Jean Pierre Noher

Lo mejor para saber apreciar este película es un experimento. En primer lugar, uno debe alquilar en el vídeo club la película La Educación de las Hadas del año 2.006, dirección José Luis Cuerda. En segundo lugar, conseguir El Sueño de Valentín y visionarla justo después. Si uno no ve la diferencia entre una y la otra, sería mejor dejar lo del cine para otro día porque la diferencia es tan abismal como la que existe entre un actorazo como Rodrigo Noya y un Víctor Valdivia o entre Irene Jacob o Carmen Maura.
Yo que no sé mucho de cine, siempre pensé que de lo más difícil de hacer en una película era trabajar con niños, porque he visto que si pones a un niño delante de una cámara, pierde la naturalidad y la frescura que tiene sin ella. Alejandro Agresti lo consigue con Rodrigo Noya, consigue la frescura y la naturalidad suficientes para hacer de esta película una pequeña joya.
Las películas argentinas tienen siempre un algo, aunque sea lo bien que hablan los actores pero algunas tienen mucho más. Ésta de Agresti tiene un guión bien trabajado, unos buenos actores, excelentes Carmen Maura y Rodrigo Noya, y una buena dirección. Por tanto, es una película que merece y mucho la pena.
La historia gira en torno a una imaginativa figura infantil que sufre la situación de tener un padre muy especial y muy egoísta. A partir de ahí, la película pone sobre la mesa toda la frescura y la imaginación de la que es capaz un niño para intentar mejorar su situación. Eso hace que la cinta no sea una tragedia y la convierta más en una tragicomedia.
Indudablemente, lo que el guión nos quiere transmitir es la inocencia nietzscheana que poseen los niños y cómo los adultos lo único que hacen es perderla y tratarla de una manera que, a menudo, genera tragedias.
Los personajes que giran alrededor de Valentín son aplastados literalmente por la personalidad del niño, sólo un par de ellos parecen estar a la altura para poder entender las marcas que la situación está dejando en el carácter del pequeño. Los otros, lo usan, lo usan para sus propios egoísmos y fobias, para sus propios deseos. Por eso el título está tan bien elegido porque el sueño de Valentín es lo que todos parecen olvidar y es lo que la película intenta contar. La cuestión es averiguar si ese sueño se consigue o no.
Lo mejor: Carmen Maura y Rodrigo Noya. Un buen guión.
Lo peor: Valentín no existe. Es el sueño de un guionista. La perfección de Valentín deja sensación de engaño.
Recomendable.

La Silla de Fernando


Título: La Silla de Fernando
Año: 2.006/85' España
Dirección: David Trueba, Luis Alegre
Fotografía: Mischa LLuch
Documental.

Ha sido más que aceptable en muchas cosas, Fernando Fernán Gómez. Aceptable como actor, más que aceptable como director y como escritor. Su personalidad ha llamado la atención a menudo y quizás parezca que no necesite explicación el porqué de un documental sobre su figura ahora que nos ha dejado.
El formato del documental tampoco parece malo, en principio. Cámara fija y el actor hablando al objetivo de su vida, su infancia, su trabajo y sus ideas, sobre todo.
Pero hasta ahí llegan las bondades de este documental. Parece hecho con mala saña que a un personaje, en teoría tan atractivo, no se le hagan preguntas que puedan demostrar la justificación del metraje.
Pero no sólo nos quejamos de que las preguntas y los temas que se tocan sean anodinos, es que, técnicamente, el documental pasa de no escucharse nada más que la figura principal, a oírse, más tarde, a un director haciendo preguntas por lo bajo, sobre todo en los extras. Esta solución da una impresión de improvisación y falta absoluta de coherencia en el guión reflejadas, a veces, por el propio entrevistado que parece sorprenderse de la memez de ciertas preguntas.
Pasamos de un "háblame sobre lo que quieras" a un material extra en el que se agrupan las respuestas según ciertos temas que tampoco responden a lo que podría ser más interesante en la vida de una figura como esa.
Una entrevista, creo yo, debe ser preparada y las preguntas deben sacarnos lo interesante que el personaje encierra en sí y en su historia. La entrevista debe ser inteligente para poder atisbar la inteligencia del entrevistado y eso no ocurre en La Silla de Fernando. Sólo queda la buena voluntad de un necesario homenaje. Sólo eso. Se echa verdaderamente en falta que la entrevista no sea realizada por una figura entrenada en estas lides.
La figura de Fernando Fernán Gómez por sí sola no es suficiente para mantenernos pegados a la pantalla más de hora y media contando el material extra.
Lo Mejor: Los primeros minutos del documental que son material grabado de una charla del actor en público son irrepetibles y dan, estos sí, idea de la calidad intelectual del personaje.
Lo peor: La ausencia de guión, la falta de edición y de dirección.
Muy poco recomendable.

Las tortugas también vuelan. Lakposhta ham parvaz mikonand


Las tortugas también vuelan. Lakposhta ham parvaz mikonand



Ficha técnica:



Dirección: Bahman Ghobadi

Guión: Bahman Ghobadi

Duración: 98 minutos

Nacionalidad: Coproducción irano, franco iraquí

Año: 2004

Reparto: Soran Ebrahim, Satellite. Avaz Latif, Agrin. Saddam Hossein Feysal, Pashow. Feysal Rahman, Hengov. Rahman Karim, Riga.

A nadie le puede extrañar que una historia que nos cuenta un aspecto sobre el Iraq moderno merezca especial atención. Si la historia es contada, además, a través de los ojos de unos niños que viven en unas aldeas para refugiados kurdos en los días previos a la invasión de Iraq por las fuerzas internacionales comandadas por los estadounidenses, todavía más. Durante la cinta, la relación de los niños con la realidad de su país va quedando claramente expuesta. Y es que Las tortugas también vuelan merece múltiples y variadas lecturas. La primera aproximación quizás sea costumbrista porque nos introduce en lo cotidiano de una nutrida pandilla de niños que sobrevive en un campo de refugiados. Esta lectura ha sido la más satisfactoria porque nos lleva al punto de vista casi surrealista de los mejores minutos de Kusturica. Mantener la alegría, la frescura de lo infantil, cuando todo lo de alrededor se está desmoronando, posee una fuerte carga de optimismo y de imaginación. La reinvención de la realidad a través de la mirada de los pequeños le da fuerza y consistencia al buen arranque de la película. Las escenas en las que los aldeanos siguen las ocurrencias de uno de los niños, Satellite, para evitar los presumibles bombardeos del ejército de Saddam son, sin duda, los mejores momentos del largometraje.
Pero, además de observar la dura, complicada y enrevesada vida de los protagonistas, también posee la película, una profunda y seria reflexión sobre la historia más reciente de Iraq. Existen dos personajes que caracterizan, simbolizan, dos modos de enfrentarse a los trágicos momentos que vive el país. Por un lado Satellite, el líder avispado de los niños, que se ha metamorfoseado con la realidad circundante como un camaleón y parece vivir a sus anchas entre los campos de minas y las dificultades del entorno. Este personaje posee la firme y clara convicción de que los invasores traen consigo una vida mejor en forma de dólares. Por tanto, Satellite, como corresponde, se transforma rápidamente, aprende inglés y ensaya la forma de hacer negocios con los nuevos señores de la realidad.
La niña que llega nueva a la aldea acompañada de sus dos familiares, Agrin, es la otra cara del país. Una nación marcada por unas profundas cicatrices no cerradas y que ya no posee fe alguna en el mañana. Las vicisitudes pasadas por el pueblo iraquí son tan graves que esta niña, que las ha vivido en sus propias carnes, no tiene fuerzas para sonreír o para permitirse el menor atisbo de esperanza. Lo único que queda por decidir es la forma de terminar con el sufrimiento. Algo que se anticipa desde la primera escena. Lo que nos sugiere, de nuevo, el triunfo de la mirada más pesimista porque, de alguna manera, todo lo que viene después es el camino lógico hacia la inevitabilidad de lo real.
La visión del realizador lleva a que sea la realidad de Agrin la que termina por imponerse. El hermano de la pequeña, que simboliza el destino, va acercando a Satellite, a los iraquíes más optimistas y esperanzados, con la tremenda realidad de que pocas cosas o ninguna van a cambiar con la nueva situación. Precisamente el clímax de la cinta coincide con la toma de conciencia por parte de Satellite de que sus esperanzas son infundadas. A partir de ese momento, la postura del niño se hace igual a la de la trágica Agrin. Tremendamente gráfica es la escena en la que Satellite da la espalda a las columnas de soldados que cruzan su aldea.
La labor de los niños actores es soberbia a lo largo de toda la película, sin embargo, el tono general decae en los momentos más trágicos del largometraje porque el efectismo buscado es innecesario. Nos quedamos con las escenas más Kusturica porque rebosan originalidad, ritmo y fuerza. En todo caso, lo malo que existe en Las tortugas también vuelan no estropea el valor de una cinta superior a la media que cuenta ya con un buen ramillete de premios a su espalda.
Recomendable

Le Chiavi di casa (Las Llaves de la Casa)




Las llaves de la casa. Le Chiavi di casa (2004)
Ficha técnica:
Dirección: Gianni Amelio
Guión: Gianni Amelio
Producción: Elda Ferri, Mario Cotone, Enzo Porcelli
Reparto: Kim Rossi Stuart (Gianni), Andrea Rossi (Paolo), Charlotte Rampling (Nicole), Pierfranceso Favino (Alberto), Alla Faerovich (Nadine).

Las historias de crecimiento personal suelen ser complicadas de resolver. Exigen un guión minucioso en el que los cambios que los personajes van experimentando a lo largo de las secuencias sean razonables. En Las llaves de la casa nos enfrentamos a una road movie y a los cambios producidos en un padre que inicia una relación con un hijo deficiente. El guión comienza ya por pasar por alto por qué, justo en este preciso momento en el que se sitúa la narración, el progenitor ha decidido que debe convertirse por fin en el padre del adolescente. Suponemos que se nos contará a continuación, pero salimos de la proyección con la misma duda.
Las alteraciones que se van constatando en el personaje de Gianni se nos antojan desproporcionadas e incomprensibles a tenor de los datos que el desarrollo argumentativo nos va ofreciendo. Lo que se nos hace ver y pensar no es suficiente para comprender el cambio producido en alguien que ha abandonado a su hijo durante quince años pero que, a los pocos días de retomar la relación, se comporta con el chico como si fueran íntimos. Uno de los personajes marginales, (Alberto) nos dice que "el chico es lo más", refiriéndose a que es especial. Y sin duda que lo es, la interpretación de Paolo que hace Andrea Rossi es muy meritoria teniendo en cuenta las condiciones. Pero esto no llega para poder comprender qué le ha pasado a Gianni; casi en cada escena nos asalta el asombro por la desproporción de las reacciones del padre. Claro que Kim Rossi Stuart (Gianni) se encarga de ponernos la tarea mucho más compleja gracias a una meliflua y desajustada interpretación.
Ninguna de las pequeñas tragedias por las que tiene que pasar diariamente Paolo son suficientes para explicar las reacciones de su padre que deambula dando tumbos entre la estupidez, la madurez, la pena, la desesperación o la infatilidad durante la proyección. Existe un abismo entre un personaje irracional e incongruente y lo que Kim Rossi Stuart nos ofrece en su interpretación.
Tampoco Charlotte Rampling en su papel de Nicole hace demasiado por hacer sustentable el conjunto de la obra. Su personaje pretende ser el alter ego de Gianni, aquel que le dice en qué dirección crecer, pero, al fin y a la postre, el director pretende hacernos creer que las trágicas enfermedades que padecen los hijos de ambos personajes son suficientes para explicar el marasmo de sentimientos que se alojan en la hierática cara de Nicole o en la inescrutable variabilidad de Gianni. Y no es así.
La verdad es que es una pena la inconsistencia manifiesta del guión porque, por un lado, la historia podría aprovecharse para contar asuntos de calado importante y, por otro, el director Gianni Amelio nos maravilló con Lamérica, una desgarradora visión de la Albania postcomunista.
Nada Recomendable

martes, 10 de febrero de 2009

Revolutionary Road (Vía Revolucionaria)


Título: Revolutionary Road
Año 2.008/119'/EE.UU.
Dirección: Sam Mendes
Guión: Justin Haythe
Música: Thomas Newman
Fotografía: Roger Deakins
Reparto: Loenardo DiCaprio, Kate Winslet, Kathy Bates, Michael Shannon


El Sam Mendes de Road to Perdition (Camino a la perdición) o American Beauty o incluso de Jarhead se ha perdido en esta película, conste que no sabemos si el problema no será de la novela de Richard Yates, pero lo que es cierto es que en esta ocasión el director ha perdido la perspicacia y la finura que demostró en algunas de sus películas anteriores.
Prentende la historia llevarnos a los mismos terrenos de American Beauty, la crítica a la sociedad norteamericana, al sueño norteamericano. En esta ocasión, por el devenir de una familia de clase media que sufre los problemas de la vida. Pero el gran fallo de la interesante apuesta es que no se entienden ni los problemas ni las reacciones de los personajes principales (excelente DiCaprio que mejora película a película, mal Kate Winslet a quien no le recordamos ni un solo papel a la altura de las circunstancias).
El marasmo de sentimientos que el día a día provoca en la vida familiar de esta pareja desata en un arrebato inexplicable de Kate Winslet que escena a escena va pasando por reacciones cada vez más abstrusas de entender. Suponemos que el argumento no nos quiere contar la historia de una pareja en la que uno de los lados necesita urgentemente una revisión psiquiátrica, y, si lo que quiere es hacernos reflexionar sobre la angustia que produce el ritmo de vida norteamericano, no se nos plantea bien cuando el personaje de Kate Winslet se limita a tener ataques de histeria incontrolada que le llevan de amar a odiar a su pareja escena sí, escena no.
Tan incomprensibles son las reacciones del papel femenino principal que se deben hacer piruetas con el guión y se sacan a los hijos de la pareja de delante durante todo el metraje. Esta solución que lanza focos sobre el matrimonio, sorprende sobre manera ya que no tenemos escenas de familia en la historia de una casa que se desmorona poco a poco.
Europa, en concreto París, es El Dorado que se parece elegir para salvar los muebles de una relación caótica y titánica, pero en ningún momento, los verdaderos demonios, los cotidianos, aparecen en primer plano.
Para cumplir lo que se nos promete o lo que parece prometernos, se debería haber pulido mucho más un guión que adolece de descansar en dos estrellas que tampoco justifican la película.
Lo mejor: La interpretación de Leonardo DiCaprio
Lo peor: El guión, deshilachado e incompleto. Kate Winslet que en su histrionismo no da muestras de saber dar vida a una madre normal sino a una paranoica. El final ayuda a echar más leña al fuego del caos.
Poco recomendable.

Gone Baby Gone (Adiós pequeña, adiós)




Título: Gone Baby Gone
Año: 2.007/114'. EE.UU.
Dirección: Ben Affleck
Guión: Ben Affelck, Aaron Stockard (Novela Dennis Lehane)
Música: Harry Gregson-Williams
Fotografía: John Toll
Reparto: Casey Affleck, Ed Harris, Morgan Freeman y Michelle Monaghan


La primera película de Ben Affleck como director ha dejado un buen sabor de boca. Se trata de un film acertado que contiene una profunda reflexión en torno a un dilema moral que el protagonista, un gran y prometedor Casey Affleck, hermano del director, debe resolver.
Esta película tuvo un seguimiento acentuado ya que se rodó y se estrenó en el momento más álgido de las noticias en torno al conocido caso de la desaparición de la niña inglesa Madeleine en las costas del Algarve portugués. Pero lo menos interesante de la cinta son las disquisiciones de la pareja de detectives que ayudan a la familia a encontrar a la desaparecida. Lo mejor del film es el principio y el final, esas partes en las que el novelista y los guionistas pretenden contarnos el porqué de la elección del personaje, elección que sustenta y justifica la historia.
El personaje central, el detective al que presta su trabajo Casey Affleck, pertenece a la comunidad en la que desapareció la niña. Una barriada golpeada por el paro, la droga y los graves problemas de cualquier suburbio de gran ciudad norteamericana. Bajo ese panorama, la desaparición de la pequeña tiene un papel de casi inevitabilidad por el comportamiento de la madre y de las personas que la rodean. El caso es que la niña ha sido raptada por quien cree que es lo mejor para ella debido al peligro que corre de acabar en cualquier tragedia. El detective debe decidir si mantiene a la niña en su nuevo entorno o la devuelve a su madre. Decide creer en su comunidad, en sus vecinos, en que las personas que conoce y que han caído, como él mismo, presas de la droga, el alcohol y la violencia, pueden proteger y educar a sus hijos. Y si no son capaces de hacerlo, siempre podrá él mismo echar una mano. Lo que pesa en la resolución de su dilema moral es la fuerza de la comunidad frente a la del individuo. Los lazos que unen a la gente frente al individuo que pretende impartir justicia por su mano.
Con los acontecimientos recientes en EE.UU., la película nos pone sobre la pista del valor de la ley y de los valores que siempre han sido sagrados en esa sociedad, la familia, la comunidad, frente a aquellos que engañan a los demás con el pretexto de que les están haciendo un favor.
Lo mejor: Casey Affleck, un sólido guión basado en la novela de Dennis Lehane y los papeles secundarios de Ed Harris y Morgan Freeman
Lo peor: El personaje de la investigadora interpretado por una sosa Michelle Monaghan. Su papel chirria y sólo se sustenta para dar mayor gravedad al dilema moral de Patrick Kenzie (Casey Affleck)
Bastante recomendable.

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